Hubo un tiempo en que ningún tatuador empezaba una sesión sin abrir un bote de vaselina.
Era parte del gesto, casi un símbolo del oficio.
Brillaba sobre la piel y daba la sensación de protección, de “sellar” lo recién hecho.
Pero el brillo engañaba.
La vaselina no hidrata, encapsula.
Cierra el poro, retiene calor y humedad, y crea el escenario perfecto para que la piel se ablande y la tinta se mueva.
Es como envolver una herida en plástico esperando que respire.
Y no lo hace.
La piel tatuada necesita un entorno dinámico: humedad controlada, oxígeno y temperatura estable.
La vaselina no ofrece nada de eso.
Por eso los colores pierden fuerza, aparecen costras gruesas y las líneas finas se distorsionan.
Lo que parecía protección se convierte en obstáculo.
El cambio llegó cuando los estudios empezaron a mirar más allá del hábito.
Se probaron fórmulas que respetaban la fisiología del tejido y el resultado fue inmediato: curaciones más limpias, pigmentos más firmes, menos retoques.
Entre esos avances surgió Sigma Soul Recovery, desarrollada para reemplazar la oclusión por respiración activa.
Hidrata, regenera y protege sin aislar la piel.
La vaselina pertenece a otra época.
El tatuaje moderno exige ciencia, no costumbre.
Sigma Soul Recovery — piel que respira, color que permanece.
Conoce la nueva generación de cuidado post-tatuaje.