Hace unos meses, un cliente llegó al estudio con un tatuaje recién hecho y una sonrisa confiada.
Había seguido todas las recomendaciones que le dieron en la farmacia: “una buena crema hidratante, varias veces al día”.
A los cinco días, la piel estaba brillante, tirante y empezaba a formar costras gruesas.
El color negro se volvió gris, los detalles finos se borraron.
Nada había fallado en la aguja; el problema fue la crema.
Las cremas genéricas no están pensadas para piel abierta.
Contienen perfumes, siliconas y aceites que taponan el poro y sellan la humedad, impidiendo que la piel respire.
Esa capa artificial retiene calor, provoca descamación irregular y arrastra el pigmento nuevo.
El resultado es una curación desigual y un color que se apaga antes de fijarse.
Sigma Soul Recovery nació para evitar ese daño.
Desarrollada junto a tatuadores y probada en piel real, equilibra hidratación, regeneración y oxigenación.
Sin perfume, sin alcohol, sin brillos falsos.
Solo activos funcionales: pantenol, aloe vera, alantoína y urea en dosis precisas.
La piel cura limpia, estable y el color permanece como el primer día.
Sigma Soul Recovery — creada por tatuadores, pensada para la piel que guarda su arte.
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