Cada piel reacciona de forma distinta al tatuaje.
Algunas se calman en pocas horas; otras necesitan más tiempo para estabilizarse.
Lo importante es saber leer las señales del cuerpo.
Un leve enrojecimiento, algo de picor o una fina capa seca forman parte de la curación normal.
La piel está trabajando: regenera tejido y expulsa restos microscópicos de tinta.
Mientras no haya dolor, supuración o calor excesivo, no hay motivo de alarma.
La irritación real se reconoce porque empeora en lugar de mejorar.
El color de la piel se vuelve más rojo, la zona se inflama o arde incluso sin tocarla.
A veces aparecen pequeñas grietas o puntos húmedos.
Si eso ocurre, conviene suspender cualquier producto adicional y limpiar solo con agua tibia y jabón neutro.
Después, consultar al tatuador o al centro de salud.
Sigma Soul Recovery está pensada para pieles sensibles porque no contiene perfume ni alcohol, y mantiene el nivel de hidratación estable sin taponar.
Su textura ligera reduce la fricción y permite que la piel se recupere sin estrés.
Cuidar un tatuaje no es complicarse: es observar, limpiar y aplicar lo justo.
El cuerpo hace el resto.
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